Inagurando el blog: Mi propio jardín digital
Hace unas semanas compartía en mi instagram un carrusel centrada en el cambio que no he parado de sentir en estos años:
El contexto - chismecito -
Quiero decir que han sido semanas, pero en realidad han sido meses, de hecho años.
Estaba yo exactamente hace 3 años con mucho calor frente al ventilador y un árbol de mangos, en un depa en lo alto, una covachita creativa de la que no salía demasiado. Estaba pensando en cómo transformar lo logrado en algo expansivo. Algo que me regalara lo que yo quería hacer y también estabilidad. El sueño, me dije. El santo grial. El que parece que tantos tienen pero no es para cualquiera. Creo que algo había planificado, creo que abrí mi libretota enorme y bajé algunas listas e ideas. Pero honestamente, no me acuerdo bien.
Así pasa con el trauma -me explicó mi psicóloga- un evento traumático como perder tu casa en un huracán y ver tu ciudad destruida genera algunas secuelas cerebrales. Pero sabía que tenía ideas, sabía que tenía experiencia y las ganas las fui recuperando en el camino. Durante el primer año después de ese evento sentí como si tuviera que empezar desde -10,000. Así que tocó acostumbrarse a dar pasitos chiquitos e inseguros con la mente creativa. Atreverse de nuevo, peor que la primera vez, a preguntarse qué hacer con la vida.
Y tantos me dijeron que algo tan grande sólo podía dar como resultado un gran aprendizaje, un gran renacer, una gran nueva vida. Y como soy una romántica postivista llena de fe, me la creí poco a poco. Y con más desesperación que ganas empecé a construir de nuevo.
-Atreverme a sacar algo nuevo-
Internet tiene esta cosa rara en donde todo parece accesible pero también inalcanzable. Mostrar la cara bonita, pero que parezca auténtica. Parece que muchos saben todo, aunque no les creas. Y todo es de tanto y tan rápido que algo real se empieza a desvanecer.
Podría haber decidido dar clases en universidades - quizá algún día lo haga- pero la verdad, yo no hice la universidad tradicional. Traicioné a la máxima casa de estudios de mi país, me puse a trabajar como loca y estudiar online, e hice diplomados y cursos. Aprendiendo y aplicando. Probando. Aprendiendo a colaborar y generar la conversación. Y de ahí salieron años de proyectos, de marcas, de gente que confió en mí para acompañarlos en lo mismo que hoy estoy reconstruyendo para mí.
Vivir para luego crear. Y además del arte y del hecho de crear por crear, mi parte favorita de todo esto es ver a otros conectar desde sus pasiones, ver sus ojos que se encienden cuando hablan de sus ideas, de que me hablen dibujando imágenes en mi mente y luego convertirlo en algo tangible. Esta magia alquímica que nos hace humanos antes de consumidores. Eso lo que me interesa expandir, replicar, enseñar.
Así que hice esta casa digital con estas herramientas iniciales para lanzar. Esta web que platica sobre mí, mis servicios, mis experiencias y mi metodología. No hago marca desde una parte de mí. La hago desde todas. Esta propuesta de mi corazón y cerebro para quien resuene con ella. Quien crea, como yo, que es mejor dirigir la vida hacia donde nuestra intuición llama y no nuestra necesidad nos deje. Quien este convencido, como yo, que para creer en mejores realidades, hay que procurar crearlas.
Trabajando desde el depa en Acapulco
Un pasito a la vez
Aún hay mucho que trabajar pero hoy celebro dar este pequeño paso. De inaugurar mi jardín, este espacio digital no como galería solamente, sino como jardín. De cambiar de fase, de sentirme acompañada. Un espacio para compartir, recordar y consultar. Y si todo sale bien, de expandir.
Si tú también traes una idea atorada en la cabeza, ojalá que este jardín te sirva de algo. El sitio está online, esta es la primera entrada de blog, hay un millón de cosas por hacer pero hoy agradezco estar aquí, y si estás aquí conmigo, mejor.